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sábado, 4 de enero de 2014

¿Qué fue de las amazonas? La guardia personal de Gadafi


Se cumplen más de dos años desde el derrocamiento y la muerte de Muamar el Gadafi, el extravagante líder libio que tanto juego dio a la prensa occidental.
Subiendo al poder el 1 de Septiembre de 1969 derrocando al rey Idris, promovió en una primera época una suerte de panarabismo árabe heredero del egipcio Nasser. No obstante sus ideas no tuvieron éxito, y a partir de los años 80 volvió sus esperanzas y ambiciones hacia el continente africano, siendo a su vez condenado por EEUU y sus aliados por apoyar y financiar, supuestamente, a diversas asociaciones terroristas por todo el mundo.
Más conocido por su Libro Verde, en el que describe la forma de gobierno que pretende plasmar en la proclamada Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista en 1977.

Pero lo que aquí nos ocupa no es la trayectoria política del militar libio, sino qué fue de su guardia personal, popularmente conocida como “Guardia amazónica”.
Sobre este grupo de guardaespaldas se ha especulado mucho en los medios de comunicación. Aunque existen numerosas incógnitas sin revelar, se dice que el grupo estaba compuesto por unas 200 mujeres que recibían entrenamiento militar y en artes marciales a conciencia. Formadas en la Academia Militar de Mujeres, fundada en 1979, podría ser un claro ejemplo de la imagen política de “emancipador de las mujeres” que quería dar el líder libio, y sin duda es de señalar la relevancia de este cuerpo de guardia personal femenino en un país islámico.


Se decía de ellas que debían ser vírgenes y estar dispuestas a morir por su líder, o que sólo podían practicar sexo con el líder y sus allegados, pero nada de esto ha sido totalmente corroborado.

Lo que queda claro es su importancia, puesto que acompañaban a Gadafi en sus actos y visitas al extranjero, causando gran expectación y en ocasiones algún que otro incidente, como el que protagonizó en Nigeria en 2006.
La fidelidad de este grupo quedó probada cuando en 1998, Aisha, una de sus guardaespaldas, sacrificó su vida para salvar al coronel durante un ataque a su automóvil por un grupo de hombres armados. La guardaespaldas se abalanzó sobre su jefe, y otros siete miembros de su guardia resultaron heridas.

En 2004 y tras dos años de correspondencia, la cineasta estadounidense de origen libanés Rania Ajami logró rodar un documental sobre la vida de estas mujeres:

Las guardaespaldas de Gadafi: sombras de un líder



En él se recogen varios testimonios, así como los entrenamientos y la vida cotidiana de estas mujeres encargadas de velar por la seguridad personal del coronel libio, aunque debido al largo tiempo que le ha costado a su autora rodarlo y la falta de testimonios críticos en el documental, bien parece que sus protagonistas hayan sido cuidadosamente escogidas para presentar una visión unilateral del cuerpo y la vida de quienes lo componen.
En paralelo a estos testimonios, y principalmente tras la caída del coronel libio, han salido a la luz toda una serie de testimonios que parecen revelar que la vida de estas mujeres, así como las de otras muchas cercanas al coronel y su familia, no son tan idílicas como se presentaba en el documental.

Desde entrevistas con antiguos miembros de su guardia personal hasta libros publicados recientemente en los que se recogen toda una serie de testimonios de varias mujeres que eran obligadas a formar parte del harén de Gadafi y sus círculos familiares.
Este es el caso de Lesproies. Dans le harem de Kadhafi (ed.Grasset) de la autora Annick Cojean.
En él se pueden leer diversas declaraciones como la que sigue:

“El dictador obligaba a sus hombres –escribe en su libro- a ingerir grandes cantidades de Viagra y les ordenaba violar a las mujeres, las hijas y las madres de los rebeldes, sin importar la edad. Algunas de estas violaciones eran filmadas, y se difundía el vídeo a otros soldados para instigarlos a hacer lo mismo”.



Tras la caída del régimen libio en Octubre de 2011, su cuerpo de guardaespaldas también se desmontó. Algunos de sus miembros permanecieron fieles al coronel, corriendo su misma suerte, y siendo objeto de vejaciones y crueles venganzas por parte de los rebeldes.


Otras desertaron y se unieron a los revolucionarios libios, como es el caso de Naima Rifi, oficial del ejército desde 1986 y con una firme opinión respecto a la labor que ha desempeñado en las fuerzas armadas y que considera continúa haciendo:

“Gadafi destruyó nuestro Ejército y lo convirtió en milicias porque temía que algún día pasaría lo que está ocurriendo ahora: que nos volviéramos contra él”.

Sea como fuere, la Guardia amazónica se desmanteló tras la caída del régimen de Gadafi, quedando como un ejemplo de una de las varias excentricidades del líder libio para la prensa occidental, como ejemplo de integración de la mujer en un ámbito mayoritariamente masculino en los países de cultura islámica para otros y, por último, como un cuerpo que proveía de esclavas sexuales a los círculos más cercanos al poder para aquellas que así lo vivieron en sus carnes. 


Posibilidades que no pueden ser defendidas ninguna de ellas totalmente por la cantidad de informaciones contradictorias que existen al respecto, pero que en mi opinión bien podría ser una mezcla de todas: 
en un primer intento de construir una imagen revolucionaria y moderna de la mujer libia, el coronel se hizo rodear de un potente símbolo, el de un gran cuerpo de mujeres enormemente preparadas a las que confiaba su vida. Que con el tiempo, como todo lo corrompe, se fue degenerando hasta convertirse en una cárcel para aquellas mujeres que formaron parte de ese símbolo, ahora constituido para mero disfrute y alimento de los más bajos deseos del círculo que detentaba el poder. 
Finalmente, y con la caída de este poder, muchas de esas mujeres pagaron un alto precio por haber pertenecido, de forma voluntaria e involuntaria, a ese cuerpo de defensa que tanto ha alimentado la imaginación de la prensa occidental y que sigue hoy alimentando esta entrada.

Enlaces de interés:

-Sitio web de descarga del Libro Verde

-Blog  “Resistencia Libia" afín a la figura de Gadafi.

-"Falsas banderas" blog alternativo y contrario a la opinión generalizada sobre lo que ocurrió en Libia en Octubre de 2011

Jorge Villanueva

viernes, 3 de enero de 2014

El nuevo negocio de una "religión velada"

La muy controvertida y debatida moda del velo, ha llevado durante los últimos años a la existencia de distintos discursos tanto de oriente como de occidente en lo que se refiere al mismo.

Dichos discursos se centran en el uso o no del denominado Hiyab relacionando su uso con directrices relacionadas con la fe y el buen uso de la moral por parte de las mujeres en la religión musulmana. Recientemente además, aparte de debatir si se debe llevar o no, se discute y opina también sobre la manera de llevarlo.

Hay quién dice que “no hay mayor negocio que la fe”, y en el tema que pretendemos tratar, esta afirmación no va demasiado desencaminada si nos fijamos en el negocio en el que se ha convertido para muchos, el gran uso que se está dando del Hiyab.

El velo islámico ha venido sufriendo una transformación desde sus orígenes. Desde un mero instrumento de fe e identidad, hasta llegar a formar parte de un sinfín de opiniones y tendencias sobre cómo llevarlo conforme a la forma de las diferentes facciones femeninas, o de qué color y forma lucirlo dependiendo de la ocasión. En definitiva, se trata de llevar un velo a la moda



Analizando la situación, podemos pensar en el hecho de que religión y moda podrían beneficiarse mutuamente. La religión musulmana defiende el uso del velo, y a la vez, las tendencias de cómo llevarlo a la moda pueden reforzar el continuado uso del mismo para muchas musulmanas que puedan estar dudando en si llevarlo o no.

A pesar de ello, habría que plantearse si reforzando el uso del velo con la moda también se reforzaría la creencia religiosa o si más bien podría suceder lo contrario, y que se produjera una brecha de separación de conceptos entre llevar velo y ser una ferviente y practicante musulmana.

Esta nueva moda no llega a contentar del todo, ya que los más conservadores defienden un Hiyab sencillo que no deje entrever los tributos femeninos, alegando que la función misma del velo es la de vestir a una mujer sencilla y humilde que cubra sus “encantos femeninos”.

No están de acuerdo con las tendencias más rompedoras en las que se ven mujeres con hiyab muy femeninos y coloridos . Un estilo que más que esconder la belleza femenina, hace por resaltarla y acentuarla. 



Analizando la situación y el controvertido debate, es imposible no entrever ciertas semejanzas entre todas las mujeres en general, ya sean musulmanas, cristianas o ateas. Occidente con su ya gastado caballo de batalla alega por unos derechos y libertades, exigiendo que las musulmanas se liberen de su Hiyab (símbolo según ellos de la opresión femenina), sin querer ver que en su propia sociedad se dan circunstancias en las que las mujeres también están condicionadas a vestir acorde a lo socialmente establecido.

Es fácil encontrar paralelismos entre una musulmana que sea bien vista por su comunidad al llevar Hiyab (entrando en el debate de qué estilo es mejor llevar de cara a la galería) y una occidental que tenga que calzar tacones para una entrevista de trabajo o llevar minifalda para simplemente poder entrar en discotecas por la noche. ¿Somos realmente libres y decisorias?

Nos hacemos prisioneras de las tendencias, de la opinión social y religiosa sin plantearnos qué nos apetece realmente llevar para sentirnos auténticamente nosotras mismas conforme a nuestro estilo de vida, nuestra comodidad e incluso conforme a nuestra fe. 
Y es gracias a ese consentimiento tácito con el que hacemos posible que los demás puedan hacer su jugoso negocio.