lunes, 6 de enero de 2014

LA MUJER SAUDITA Y EL DERECHO A CONDUCIR ENTRE LA DECISIÓN POLÍTICA Y SOCIAL 

La “eterna” batalla de las mujeres saudíes sigue abierta, con el fin de conseguir  su derecho, poder conducir su propio vehículo, después de más de dos décadas, cuando el gran muftí de Arabia Saudí, el jeque Abdulaziz bin Baz, emitió una fatwa (1990) que prohibió a las mujeres conducir para no caer en el pecado o la corrupción general[1] المفسدة )).

Esta decisión fue aplicada a “raja tabla” por el Ministro del Interior del país ultraconservador [2] para evitar- según el edicto- comportamientos ilícitos como quitarse el hiyab, provocar tentaciones y deseos sexuales, poner la foto de la mujer en su carnet de conducir y juntarse con los hombres en el mismo sitio… También algunos han ido más allá de lo religioso afirmando que conducir el coche afecta a los ovarios y la pelvis, y que provocarían daños en mujeres embarazadas, dando a luz a niños con problemas.
Ha aparecido muchos opositores a esta fatwa, incluso dentro de la propia autoridad religiosa del país; la sociedad civil por su parte, ha rechazado la fatwa afirmando que la solución está en mano la élite política, no en la religiosa.
En la sharia no existe ni un texto que haya señalado tanto de manera directa o indirecta a esta prohibición. El jeque Sheikh Ayed Al-Qarni considera que la fatwa de esta prohibición no está basada sobre evidencias religiosas. El jeque Ahmad bin Baz (hijo del autor de la fatwa) cuando le rectificó (la fatwa) explicó que no se debe separar la fatwa de su contexto histórico o las circunstancias del nacimiento, considerando que no se puede aplicar, asegura Ahmad Bin Baz, ya que también intentando aplicar del mismo modo la ley, basándonos en esta reflexión jurídica, se debería de impedir a los hombres también que conduzcan, debido a la enorme cantidad de muertes que están causando cada año por accidentes de tráfico.
Tampoco el hiyab era una razón convincente, solo es el  gran temor de los más conservadores, que consideran que provocará la emancipación de la mujer y sus repercusiones[3]. El miembro del Consejo Consultivo,  Mohammad al-Zulfa, considera  que las mujeres conduzcan, es un derecho legítimo y un sueño que  busca la satisfacción  de algunos jeques saudíes, señalando que el código  civil saudí no excluye a las mujeres cuando se trata de la ley de tráfico, lo único que impide a la mujer a conducir es no tener el carnet  (exactamente como los hombres). Ahmad respondió a los conservadores que consideran que la mujer debe estar protegida del contacto con desconocidos. Ambos, consideran que del mismo modo, estos se encuentran en los centros comerciales, los hospitales, la calle…
Dice Mohammad al-Zulfa: “casi 750 mil choferes se juntan con nuestras mujeres en un espacio muy reducido”, entonces esta  causa no es  lógica.



También Mohammad al-Zulfa ha tratado el tema desde el punto de vista económico, explicando que las familiares en Arabia Saudí gastan cada año miles de millones de riales en los choferes privados, lo que está provocando que estas opiniones causen duras críticas, llegando al nivel de amenazas e insultos[4].
El gran jeque Yusuf al-Qaradawi envió un mensaje al rey  Abdullah bin Abdul-Aziz pidiendo que permita a las mujeres que conduzcan.
La sociedad civil por su parte jugó un papel relevante para sacar este tema a la luz, especialmente asociaciones de activistas saudíes. La primera iniciativa comenzó en 1990, la segunda fue en 2011[5] ,pero sin éxito, la tercera ocasión el 26 de octubre de 2013 , después de lanzar un llamamiento a todas la mujeres para salir conduciendo, donde algunas mujeres se han grabado a sí mismas conduciendo en distintas ciudades de Arabia Saudí y fueron colgados en YouTube; por lo que la campaña del ”26 de octubre” tuvo un éxito tremendo dentro y fuera  de Arabia Saudí.

Aziza al Yousef comentó que lo que tratan de transmitir es una imagen a los responsables, demostrando que estan listas para conducir y  hacer frente a la calle en su estado actual, acostumbrando cada vez más a la calle, a ver a la mujer detrás del volante, en lugar de en los asientos traseros[6]. Manal al Sharif, la autora de la campaña de 2011, aspira con entusiasmo a un futuro que garantice el derecho a conducir.
Frente a estas campañas empezó una oleada de críticas por parte de los clérigos, en concreto el Secretario General de la Asociación de Eruditos Musulmanes, Nasser al-Omar, y el Ministro de Interior publicó un comunicado que  amenazaba a todas las mujeres  que salieron[7].
El activista social Hisham Fageeh, con su compañero, el cómico Fahd Alaptara y el músico Alaa Wardi, lanzaron una canción de humor irónico en los redes sociales, especialmente en YouTube  (tuvo mucho éxito, más de un millón y medio de visitantes en 24 horas), titulada "No Woman, No Drive". La canción está inspirada en la canción de Bob Marley  "No Woman No Cry" donde aparecen estos dos jóvenes saudís con sus ropas tradicional cantando (sin utilizar instrumentos musicales), a la vez que criticando, la libertad restringida de la mujer saudí. La letra de la canción[8] está cargada de burla e ironía, con ellas, Hisham Fageeh, pretende expresar  su rechazo a esta realidad, señalando que las excusas que impide a las mujeres a conducir no tienen ni la mínima lógica.[9]



El Rey Abdullah bin Abdul Aziz, dijo hace años que el tema de conducir se decidiría por la sociedad pero la injerencia del el ministro del interior refleja que la decisión está en manos del poder, aquí flota  la complicada correlación  entre lo social y lo político.
 Permitir que las mujeres conduzcan en Arabia Saudita tiene que ser una decisión política, después de crear ambiente adecuado en la sociedad, para poder adaptar con el cambio.
 Entre el poder y la sociedad se queda la mujer saudita, luchando de su propia manera en una sociedad en la que las reglas de juego son muy estrictas y en muchos casos peligrosas, lo que les exige paciencia y precaución...  





[1] La fatwa completa en árabe, en este enlace:  http://www.sahmy.com/t232032.htm
[2] Desde el movimiento wahabí, el poder siempre apoya la religión.
[3]A parte de esto existen  muchos jeques que comparten esta opinión    Nasser Aloud
[4] En este enlace, un artículo en español, habla sobre las críticas dirigidas a Mohammad al-Zulfa.
[5] Campaña bajo el lema conduzco sola mi coche"
[6] La mayoría de mujeres van con chofer, el hecho de estar solo con un nombre extraño es pecado también, en este enlace hay fatwa sobre el tema en árabe:      http://www.ajurry.com/vb/showthread.php?t=8997
[7] Algunas mujeres recibieron llamadas de amenazas y otras llamaron a sus maridos.
[8]La letra es en inglés, aquí en árabe  
[9]La canción vino como apoyo a la campaña del “26 de octubre”

Más allá del hiyab fashion


Imaan Ali
La vestimenta de la mujer musulmana ha sido uno de los temas más tratados tanto en los medios de comunicación como en el ámbito académico. Si realizamos un breve vistazo a las últimas publicaciones sobre el mundo arabo-islámico, observaremos que la mayoría de éstas suelen ir acompañadas de imágenes en las que aparecen mujeres con hiyab, un elemento que representa la diferencia del "otro" y llama la atención del lector. Sumisión y opresión son una de las palabras más repetidas en diferentes publicaciones y medios de comunicación. Esta proliferación de escritos no sólo consigue acentuar en la población los prejuicios de los que disponía sobre la sociedad musulmana sino que, además, impulsa una politización del tema. Así el islam se convierte en el principal opresor de las mujeres y occidente tiene la obligación de salvarlas, tal como se afirmó en la guerra estadounidense contra Afganistán. El tema del hiyab irá cobrando tal fuerza que consigue traspasar las tierras del islam para convertirse en el actual debate de algunos países europeos en los que se ha llevado a cabo la restricción de su uso con el fin de liberar a la mujer y mejorar su integración en la sociedad. 

Sin embargo, estos dos últimos años los medios de comunicación descubren un nuevo hiyab simpático y peculiar que está desequilibrando la concepción, tan afincada en la sociedad, de la mujer musulmana. Éste es el hiyab fashion.

El fenómeno del hiyab fashion o la moda del hiyab no es algo que se remonta a estos dos últimos años. Este tipo de moda vio la luz hace unas décadas atrás cuando algunos/as empresarios/as observaron que podría haber un mercado interesante en este campo. Es cierto que la moda ha sido algo que siempre ha estado presente en los países islámicos ya que todos tenían su propias marcas y modas en los vestidos tradicionales como chilabas o abayas. No obstante, el concepto de moda urbana, fuera de las vestimentas tradicionales, aparece en un primer momento en Turquía que en pocos años se convirtió en uno de los centros de  moda más importantes del mundo islámico. La fama de la que disfruta actualmente el hiyab fashion se debe a dos factores: internet y algunos cambios socio-políticos. 

No cabe duda de que internet es una de las herramientas más útiles si quieres dar a conocer tu negocio o tus proyectos, y es esto justamente, lo que ha hecho que las blogueras del hiyab fashion se diesen a conocer tan rápido mediante los blogs de moda y las redes sociales. Muchas de ellas han conseguido crear tiendas en las que venden sus diseños, e incluso alguna ha ido más lejos, como es el caso de Yasemin, bloguera estadounidense, que ha creado la revista Layali dirigida a mujeres musulmanas. Mediante este proceso no sólo han conseguido darse a conocer sino que han transformado los principios de estilo y moda que se iban llevando desde entonces, acabando así con los tradicionales focos de moda. Actualmente los principales centros del hiyab fashion se encuentran en Gran Bretaña, Indonesia y EE.UU.

Aishah Amin
Podemos ver que dos de estos centros se encuentran en Occidente. Esto se debe a la labor de una nueva generación, formada principalmente por las hijas de la diáspora musulmana, que buscan crear un estilo acorde con sus necesidades actuales, lejos de los modelos tradicionalistas y de corte oriental de sus madres. El tercer foco más importante es Indonesia que actualmente es una de las regiones donde los movimientos islámicos están realizando varios cambios en el ámbito socio-político. El hiyab fashion de indonesia ha sido uno de los más influyentes debido a su combinación de elementos tradicionales con la moda urbana. Así como fue allí donde se celebró la primera hijab fashion week.

Una de las personalidades más conocidas actualmente en este ámbito es Amena creadora del canal Amenakin. Esta joven británica ha conseguido en poco tiempo una gran fama que le ha ayudado a crear su propia tienda, Pearl Daisy, en la que se puede encontrar uno de sus diseños más extrovertidos, el hoojab. Este diseño es una especie de capucha con la que se puede jugar de diferente manera y crear varios estilos. Otro de los blogs más importante es Hijab Style creado por la británica Jana Kossibati cuyo principal objetivo es facilitar a sus seguidoras la información de las últimas tendencias del hiyab. Sin embargo, una de las blogueras más atrevidas y extravagantes es  Imaan Ali. Esta joven profesora universitaria  ha sido la que más se ha dado a conocer por los medios de comunicación internacionales debido a su audaz estilo. Otras blogueras importantes son Aishah Amin, Hana Tajima y Sarah Elenany, diseñadora de un nuevo estilo de ropa en el que se incluyen elementos islámicos como la imagen de una mezquita o un minarete. La lista se hace cada vez más larga ya que este fenómeno se está extendiendo a chicas de todos los países como es el caso de la marroquí Rania. 

Gracias a los blogs y a las redes sociales el hiyab fashion ha conseguido en poco tiempo gran difusión ente las jóvenes de todos los países. Así como ha creado nuevos espacios en los que darse a conocer como las pasarelas o la creación de la web modest street fashion en la que aparecen fotos e intervenciones de las blogueras y diseñadoras más importantes de todo el mundo. 

Si tenemos en cuenta que la moda no es más que un resultado del capitalismo que nos domina actualmente, el hiyab fashion no tendría por qué ser noticia. Sin embargo, no todos partimos de esta evidencia. Pues actualmente prima la división del mundo a través del concepto de modernidad. Concepto que a día de hoy pensamos que se encuentra bajo dominio de occidente. Así que a raíz de esta teoría construimos, queriendo o sin querer, una realidad en la que occidente posee la hegemonía cultural sobre las demás regiones del mundo. Por lo que cualquier cambio que se dé en éstas será concebido como un intento frustrado de imitación a la gran hegemonía occidental. A día de hoy, tanto los medios de comunicación como la sociedad emiten juicios sobre la población musulmana desde esta perspectiva. De tal manera que al tratar el tema de Hiyab fashion se pueden encontrar afirmaciones como "la labor de estas chicas demuestra que se puede ser musulmana y moderna", "con estos nuevos estilos demuestran llevar el velo sin parecer una Doña Rogelia" o una de las más mediáticas del tipo de  "varias chicas han sido rechazadas por los sectores más religiosos por su modernidad".  

Yasemin
¿Acaso es coherente describir de modernas a unas mujeres musulmanas que viven y aprovechan todos los recursos de los que disponen en el siglo XXI? o ¿Es que es mejor ser una musulmana moderna que una musulmana? Pero, sin duda, lo más grave es considerar que una mujer moderna es aquella que está sometida a unos cánones de belleza basados en modelos sexistas. Y al contrario que sucede con la mujer musulmana, esta dominación en la que se fija la vestimenta de la mujer occidental no es vista como algo que coarta la libertad ya que  pertenecer al mundo moderno. Mientras que el islam y los ulemas, que no pertenecen a este mundo moderno, someten a las mujeres a la sumisión y oprimen sus derechos.

Así que tanto musulmanes como no musulmanes cometen el mismo error. Un error que consiste en la dominación del cuerpo de la mujer para definir la identidad de un grupo, una región o una ideología.

Si se lleva a cabo una mayor deconstrucción del fenómeno hiyab fashion lejos de la influencia de las empresas de moda, la proliferación en los últimos años de blogs de moda o la concepción del concepto de modernidad. Se descubre que el hiyab fashion no es más que una expresión, de tantas otras(vídeos, cine, debates..etc), de un nuevo proceso de construcción de identidad musulmana, el islam occidental. Una nueva conciencia que se está llevando a cabo por los/as hijos/as de la diáspora en la que buscan encontrar un islam que responda a su identidad, a sus necesidades y que deje de lado el bagaje cultural de sus padres. Un nueva práctica mediante la cual se demuestre que no existe ninguna contradicción en el hecho de ser occidental y musulmán. Esta nueva concepción se crea en torno a un nuevo objetivo, eliminar todos aquellos prejuicios que se han ido construyendo a lo largo de las últimas décadas sobre los/as musulmanes/as.  

Las mujeres musulmanas se alzan en medio de este procedimiento como las grandes luchadoras que intentan hacernos llegar su voz por todos los medios. Una lucha que llevan a cabo ellas mismas con la esperanza de que algún día veamos, musulmanes y no musulmanes, que más allá de un hiyab hay una mujer, que como todas las demás, intenta llevar su día a día como puede. 




                                                                                  

sábado, 4 de enero de 2014

¿Qué fue de las amazonas? La guardia personal de Gadafi


Se cumplen más de dos años desde el derrocamiento y la muerte de Muamar el Gadafi, el extravagante líder libio que tanto juego dio a la prensa occidental.
Subiendo al poder el 1 de Septiembre de 1969 derrocando al rey Idris, promovió en una primera época una suerte de panarabismo árabe heredero del egipcio Nasser. No obstante sus ideas no tuvieron éxito, y a partir de los años 80 volvió sus esperanzas y ambiciones hacia el continente africano, siendo a su vez condenado por EEUU y sus aliados por apoyar y financiar, supuestamente, a diversas asociaciones terroristas por todo el mundo.
Más conocido por su Libro Verde, en el que describe la forma de gobierno que pretende plasmar en la proclamada Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista en 1977.

Pero lo que aquí nos ocupa no es la trayectoria política del militar libio, sino qué fue de su guardia personal, popularmente conocida como “Guardia amazónica”.
Sobre este grupo de guardaespaldas se ha especulado mucho en los medios de comunicación. Aunque existen numerosas incógnitas sin revelar, se dice que el grupo estaba compuesto por unas 200 mujeres que recibían entrenamiento militar y en artes marciales a conciencia. Formadas en la Academia Militar de Mujeres, fundada en 1979, podría ser un claro ejemplo de la imagen política de “emancipador de las mujeres” que quería dar el líder libio, y sin duda es de señalar la relevancia de este cuerpo de guardia personal femenino en un país islámico.


Se decía de ellas que debían ser vírgenes y estar dispuestas a morir por su líder, o que sólo podían practicar sexo con el líder y sus allegados, pero nada de esto ha sido totalmente corroborado.

Lo que queda claro es su importancia, puesto que acompañaban a Gadafi en sus actos y visitas al extranjero, causando gran expectación y en ocasiones algún que otro incidente, como el que protagonizó en Nigeria en 2006.
La fidelidad de este grupo quedó probada cuando en 1998, Aisha, una de sus guardaespaldas, sacrificó su vida para salvar al coronel durante un ataque a su automóvil por un grupo de hombres armados. La guardaespaldas se abalanzó sobre su jefe, y otros siete miembros de su guardia resultaron heridas.

En 2004 y tras dos años de correspondencia, la cineasta estadounidense de origen libanés Rania Ajami logró rodar un documental sobre la vida de estas mujeres:

Las guardaespaldas de Gadafi: sombras de un líder



En él se recogen varios testimonios, así como los entrenamientos y la vida cotidiana de estas mujeres encargadas de velar por la seguridad personal del coronel libio, aunque debido al largo tiempo que le ha costado a su autora rodarlo y la falta de testimonios críticos en el documental, bien parece que sus protagonistas hayan sido cuidadosamente escogidas para presentar una visión unilateral del cuerpo y la vida de quienes lo componen.
En paralelo a estos testimonios, y principalmente tras la caída del coronel libio, han salido a la luz toda una serie de testimonios que parecen revelar que la vida de estas mujeres, así como las de otras muchas cercanas al coronel y su familia, no son tan idílicas como se presentaba en el documental.

Desde entrevistas con antiguos miembros de su guardia personal hasta libros publicados recientemente en los que se recogen toda una serie de testimonios de varias mujeres que eran obligadas a formar parte del harén de Gadafi y sus círculos familiares.
Este es el caso de Lesproies. Dans le harem de Kadhafi (ed.Grasset) de la autora Annick Cojean.
En él se pueden leer diversas declaraciones como la que sigue:

“El dictador obligaba a sus hombres –escribe en su libro- a ingerir grandes cantidades de Viagra y les ordenaba violar a las mujeres, las hijas y las madres de los rebeldes, sin importar la edad. Algunas de estas violaciones eran filmadas, y se difundía el vídeo a otros soldados para instigarlos a hacer lo mismo”.



Tras la caída del régimen libio en Octubre de 2011, su cuerpo de guardaespaldas también se desmontó. Algunos de sus miembros permanecieron fieles al coronel, corriendo su misma suerte, y siendo objeto de vejaciones y crueles venganzas por parte de los rebeldes.


Otras desertaron y se unieron a los revolucionarios libios, como es el caso de Naima Rifi, oficial del ejército desde 1986 y con una firme opinión respecto a la labor que ha desempeñado en las fuerzas armadas y que considera continúa haciendo:

“Gadafi destruyó nuestro Ejército y lo convirtió en milicias porque temía que algún día pasaría lo que está ocurriendo ahora: que nos volviéramos contra él”.

Sea como fuere, la Guardia amazónica se desmanteló tras la caída del régimen de Gadafi, quedando como un ejemplo de una de las varias excentricidades del líder libio para la prensa occidental, como ejemplo de integración de la mujer en un ámbito mayoritariamente masculino en los países de cultura islámica para otros y, por último, como un cuerpo que proveía de esclavas sexuales a los círculos más cercanos al poder para aquellas que así lo vivieron en sus carnes. 


Posibilidades que no pueden ser defendidas ninguna de ellas totalmente por la cantidad de informaciones contradictorias que existen al respecto, pero que en mi opinión bien podría ser una mezcla de todas: 
en un primer intento de construir una imagen revolucionaria y moderna de la mujer libia, el coronel se hizo rodear de un potente símbolo, el de un gran cuerpo de mujeres enormemente preparadas a las que confiaba su vida. Que con el tiempo, como todo lo corrompe, se fue degenerando hasta convertirse en una cárcel para aquellas mujeres que formaron parte de ese símbolo, ahora constituido para mero disfrute y alimento de los más bajos deseos del círculo que detentaba el poder. 
Finalmente, y con la caída de este poder, muchas de esas mujeres pagaron un alto precio por haber pertenecido, de forma voluntaria e involuntaria, a ese cuerpo de defensa que tanto ha alimentado la imaginación de la prensa occidental y que sigue hoy alimentando esta entrada.

Enlaces de interés:

-Sitio web de descarga del Libro Verde

-Blog  “Resistencia Libia" afín a la figura de Gadafi.

-"Falsas banderas" blog alternativo y contrario a la opinión generalizada sobre lo que ocurrió en Libia en Octubre de 2011

Jorge Villanueva

viernes, 3 de enero de 2014

La era del marketing diplomático: de la ética de la dignidad a la estética de los mass-media





Malala Yousafzai.
¿Acaso queda alguien sobre la faz de la tierra que siga desconociendo las hazañas de la joven pakistaní? Sin ánimo de desmerecer su coraje y lejos de ser proclive a simpatizar con las teorías conspiranoicas de algunos escépticos exagerademente antiamericanos –o antibilderberg– cabe reconocer que el fenómeno Malala está alcanzando unos límites maliciosamente cuestionables.

La joven pakistaní recibió un balazo en la cabeza hace poco más de un año. Se convirtió en el blanco de los talibanes por defender el derecho a la educación de las niñas en Pakistán.

Gul Makai.

Así firmaba la pequeña en el blog que la BBC compartía con el mundo difundiendo el modelo de vida que el régimen del Tehrik e Taliban Pakistan (TTP) había impuesto en el Swat.

La que hic et nunc escribe, jurista por formación, especializada en derechos humanos por pasión y devoción, no puede evitar que se le erice la piel al advertir el férreo compromiso de la pequeña para con los derechos humanos.

Si bien es cierto que la causa en defensa de los mismos debe ser parte de una campaña global y universal, resulta desgarrador tratar de imaginar qué es lo que llevó a la joven a sacrificarse de tal manera a tan temprana edad.

La dignidad no entiende de edades.

 Con todo, o mejor dicho, pese a todo, no pretendo ensalzar aquí a una figura que tan oportunamente y, en mi opinión, tan míseramente, se ha convertido en el lavado de cara de los que controlan el mundo. Los poderosos de turno han sabido aprovechar los felices acontecimientos para sacar tajada de ellos y, por suerte o por desgracia, el contexto fruto de los caprichos del azar los ha revestido de cierta credibilidad. El mundo árabe llevaba ya un par de años siendo objeto de atención cuando Malala se dio a conocer en el 2012.

La loable actitud de la niña se ha acabado convirtiendo casi en algo reprochable. La normalización de la farsa por la que nos hemos convencido de la existencia del choque de civilizaciones convierte las grandes hazañas en banalizaciones propagandísticas del sistema. Por todos es bien sabido que los medios de comunicación contribuyen bien a ello, como bien demostró la feliz e ilusamente aireada Primavera Árabe.

Dicen que la historia la cuentan los vencedores, pero el presente aún no es historia y también hay que contarlo. Es curioso ver cómo el paso del tiempo modifica las percepciones de hechos que, con mayor o menor intensidad, llegaron a ser presente en nuestro día a día. Aunque sólo sea por lo imparable de esa historia, cabe preocuparse por la manera en que ésta se transmite a las nuevas generaciones.

Es difícil dar con algún medio de comunicación que no se hiciera eco de la noticia en su día: la historia es conmovedora y digna de portada. No obstante, con independencia de que los hechos sobresaltaran a la comunidad internacional por la propia sensibilidad de los mismos, parece que algunos medios quisieron aprovecharse de su relevancia mediática para venderlos con más o menos simpatía hacia la religión islámica. Al fin y al cabo, no todos los días se presenta la oportunidad de demonizar al islam convirtiendo en mártir viviente a una pequeña inocente de 15 años.

Líneas politizadas. Entrelíneas islamófobas.

Occidente no ha demorado mucho en sacarle partido al filón de Malala, que parece estar al pleno servicio de los mandamases del mundo. La joven pakistaní representa el éxito de la misión autoconferida a las potencias civilizadas del Norte: “Señores, esto es lo que ocurre cuando movemos los hilos en Oriente. Los salvajes se dignifican y el islam se doblega. Sigamos así. Lo estamos haciendo bien”. Así me suenan los aplausos que recibe la joven cuando sus discursos se dirigen a los grandes distintivos del planeta.

Sus palabras son conmovedoras. Sus intenciones están llenas de una fuerza envidiable, de un coraje colosal, pero su público deja mucho que desear. La pequeña ha seguido siendo noticia tras los sucesos que la lanzaron al respeto internacional y eso es algo que me saca de quicio.

Comparecencias en Naciones Unidasdiscursos ante el Parlamento Europeo, libros autobiográficos censurados en Pakistán por ser una herramienta de Occidente”, clubs de fans, decenas de reconocidos premios. ¿Reconocidos? Aborrezco el Nobel de la Paz desde que éste luce en el despacho oval de Obama, a quien, por cierto, Malala tuvo la oportunidad de conocer personalmente en una citación particular. Es estupendo que la persona más ocupada del planeta se preocupe por los derechos educativos que asisten a las niñas en Pakistán y, mucho más, que disponga de un hueco en su apretada agenda para conocerla personalmente –nótese el sarcasmo–. No sé cuál sería la relevancia de la reunión, pero no hubo medio en el mundo que se olvidara de publicar la foto de cortesía.


Si la defensa de los derechos humanos es una cuestión de imagen, como mucho temo que así es, apaga y vámonos. De los medios depende que algo sea bueno o sea malo, porque la diferencia entre un mártir y un terrorista es muy sutil. Es cuestión de perspectiva o, mejor aún, de intereses.

Y poco a poco todos vamos entrando en esa espiral de engaños. Acabamos perdiendo la ética por haberla perdido otros antes.

Nadie se acuerda ya de cómo llegaron los talibanes a Pakistán –menos aún, las nuevas generaciones–, pero ahora más que nunca hay que condenar su impermisible régimen. Nótese de nuevo el sarcasmo. Intolerantes y asalvajados, anacrónicos y desfasados. Son capaces de disparar a una joven por querer estudiar, así que poco parece importar quién los entrenó. Todo son halagos, todo son elogios para la pequeña. A Obama debió venirle muy bien el encuentro con Malala para lavar la conciencia histórica de su país, si es que la tiene.

Cuando las cuestiones económicas parecen quedar relegadas a un segundo plano en pro de la dignidad del ser humano, hay que sospechar. Es lamentable pero así es.

Lo es porque parece llegar el día en que podamos adquirir camisetas con plantillas de Malala, al más puro estilo Che Guevara. Ya lo dice el dicho, si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él: vende su imagen, comercialízalo. Yo, por si acaso, como soy persona de últimas tendencias y no me gusta destacar, me he adelantado diseñando la mía. 
Espero no necesitar estamparla jamás.

Ironías a parte, creo que la cuestión es aborrecible en exceso. La politización del fenómeno social siempre lo es. Si la política dejara de entrometerse en el jardín de lo social o de lo humano, todos seríamos mucho más felices: palabra de catalana­.

Y si no, que se lo digan a Matisyahu, el cantante judío-hasidí  de reggae/hip-hop con influencias dub/ska más querido y alabado sobre la faz de la tierra, pese a su ortodoxia religiosa. Con él os dejo.






Laura Delgado

El nuevo negocio de una "religión velada"

La muy controvertida y debatida moda del velo, ha llevado durante los últimos años a la existencia de distintos discursos tanto de oriente como de occidente en lo que se refiere al mismo.

Dichos discursos se centran en el uso o no del denominado Hiyab relacionando su uso con directrices relacionadas con la fe y el buen uso de la moral por parte de las mujeres en la religión musulmana. Recientemente además, aparte de debatir si se debe llevar o no, se discute y opina también sobre la manera de llevarlo.

Hay quién dice que “no hay mayor negocio que la fe”, y en el tema que pretendemos tratar, esta afirmación no va demasiado desencaminada si nos fijamos en el negocio en el que se ha convertido para muchos, el gran uso que se está dando del Hiyab.

El velo islámico ha venido sufriendo una transformación desde sus orígenes. Desde un mero instrumento de fe e identidad, hasta llegar a formar parte de un sinfín de opiniones y tendencias sobre cómo llevarlo conforme a la forma de las diferentes facciones femeninas, o de qué color y forma lucirlo dependiendo de la ocasión. En definitiva, se trata de llevar un velo a la moda



Analizando la situación, podemos pensar en el hecho de que religión y moda podrían beneficiarse mutuamente. La religión musulmana defiende el uso del velo, y a la vez, las tendencias de cómo llevarlo a la moda pueden reforzar el continuado uso del mismo para muchas musulmanas que puedan estar dudando en si llevarlo o no.

A pesar de ello, habría que plantearse si reforzando el uso del velo con la moda también se reforzaría la creencia religiosa o si más bien podría suceder lo contrario, y que se produjera una brecha de separación de conceptos entre llevar velo y ser una ferviente y practicante musulmana.

Esta nueva moda no llega a contentar del todo, ya que los más conservadores defienden un Hiyab sencillo que no deje entrever los tributos femeninos, alegando que la función misma del velo es la de vestir a una mujer sencilla y humilde que cubra sus “encantos femeninos”.

No están de acuerdo con las tendencias más rompedoras en las que se ven mujeres con hiyab muy femeninos y coloridos . Un estilo que más que esconder la belleza femenina, hace por resaltarla y acentuarla. 



Analizando la situación y el controvertido debate, es imposible no entrever ciertas semejanzas entre todas las mujeres en general, ya sean musulmanas, cristianas o ateas. Occidente con su ya gastado caballo de batalla alega por unos derechos y libertades, exigiendo que las musulmanas se liberen de su Hiyab (símbolo según ellos de la opresión femenina), sin querer ver que en su propia sociedad se dan circunstancias en las que las mujeres también están condicionadas a vestir acorde a lo socialmente establecido.

Es fácil encontrar paralelismos entre una musulmana que sea bien vista por su comunidad al llevar Hiyab (entrando en el debate de qué estilo es mejor llevar de cara a la galería) y una occidental que tenga que calzar tacones para una entrevista de trabajo o llevar minifalda para simplemente poder entrar en discotecas por la noche. ¿Somos realmente libres y decisorias?

Nos hacemos prisioneras de las tendencias, de la opinión social y religiosa sin plantearnos qué nos apetece realmente llevar para sentirnos auténticamente nosotras mismas conforme a nuestro estilo de vida, nuestra comodidad e incluso conforme a nuestra fe. 
Y es gracias a ese consentimiento tácito con el que hacemos posible que los demás puedan hacer su jugoso negocio.


jueves, 2 de enero de 2014

Mashrou' Leila: música y revolución desde Beirut.

La música siempre ha constituido uno de los principales elementos de expresión de toda generación, especialmente para la protesta y la disidencia. Sin embargo, muchos han considerado  la escena musical de Oriente Medio como una suma de formalismos y 

convenciones hace tiempo estériles y han acusado la ausencia de renovación.


 No todo está perdido. Mashrou‘ Leila, mediante una fusión de los sonidos árabes más tradicionales con géneros tan dispares como el rock, indie, jazz o pop, ha conseguido dar la vuelta al panorama musical. El resultado es novedoso por no decir revolucionario. 



Mashrou’ Leila surge en 2008, haciendo referencia a las jam sessions en las que los futuros miembros de la banda se reunían para desconectar de los problemas del día a día. El nombre de la banda juega con la ambigüedad de la traducción, que bien podría ser  “Proyecto de una noche” como “El proyecto de Layla”. 



Su éxito ha cruzado fronteras llegando hasta Europa y  América. Algunos afirman que se debe a la genuina decisión de acercarse a temas tan poco comunes entre los artistas árabes.
A menudo se les cuestiona sobre la posibilidad de cantar en otras lenguas como el inglés o el francés para captar más audiencia, algo que no se plantean. "Para nosotros es muy importante cantar en árabe, es un elemento fundamental de nuestra música y seguramente una de las claves de nuestra popularidad es justamente el uso del dialecto libanés por primera vez para expresar un mensaje nuevo" Declara Abu Fakher, guitarrista del grupo.


El éxito ha sido rotundo en Líbano lo que puede parecer sorprendente debido a la enorme controversia y reacciones muy a menudo negativas que sus temas han suscitado. Ellos achacan su éxito al hecho de tratar temas reales que afectan a la gente normal.
Desde sus comienzos, estos seis jóvenes estudiantes de arquitectura y diseño han roto los esquemas y convenciones de una sociedad como la libanesa, profundamente marcada por la religión y los tabúes. De hecho, a pesar de ser una de las más liberales en cuanto al tratamiento de las minorías sexuales de oriente medio, existen leyes que persiguen la homosexualidad por considerarla antinatural.
Con temas tan polémicos y candentes como la política, los derechos humanos, la crítica a la religión,  la homosexualidad o simplemente el sexo y un vocalista, Hamed Sinno, que se declara abiertamente gay, Mashrou’ Leila  está rompiendo convencionalismos y dando voz a una generación que ya no se siente identificada con lo que considera el viejo orden. De esta forma, han sido capaces de canalizar con su música las frustraciones de esta generación, compartidas por el resto de jóvenes de todo el mundo árabe. Además, se hacen eco de las aspiraciones de la juventud libanesa, en un momento en el que, más que nunca, es posible advertir la brecha generacional que existe entre los que vivieron la guerra civil y los que no.
En uno de sus temas, Fasateen ("Vestidos") abordan el tema del matrimonio.
El videoclip de la canción muestra a los miembros de la banda destruyendo los objetos más simbólicos como el vestido, las flores o la tarta, con el objetivo de denunciar la presión a la que los humanos son sometidos mediante las relaciones amorosas. 



Hamed Sinno ondea la bandera del orgullo gay en el festival de Byblos (2010)


Otro de sus temas más conocidos es Shim el-Yasmine ("Huele a jazmín"), mediante un tono cargado de melancolía y nostalgia, canta al amor, en este caso, entre dos personas del mismo sexo. 

"I would have liked to keep you near me/Introduce you to my parents/have you crown my heart/Cook your food, sweep your home/Spoil your kids, be your housewife."




En su último disco Raasuk, el single Wa Nueid, estaba destinada a ser una canción de amor según explica Sinno pero las condiciones políticas de agitación tanto en Líbano como en el resto de países árabes hicieron que la reescribiera. Un canto a la lucha y a la resistencia.

Para sacar este álbum y mantener cierta libertad e independencia de las imposiciones de las discográficas lanzaron una campaña de crowfunding o micromecenazgo con el hashtag de #occupyarabpop desde su  página web oficial.
 En unas pocas semanas consiguieron cerca de los 50.000€ necesarios para cubrir los costes de producción. El resultado es Raasuk, una genuina e inconfundible mezcla de sonidos dispares que ya les granjeó el éxito de sus dos primeros álbumes. En opinión de sus creadores, este último es "el mejor". Sus temas principales son el amor, el duelo,el deseo, la política libanesa o la primavera árabe. El guitarrista Abu Fakher lo define como "Todo. Todo lo que sientes cuando vives en Beirut".